Aunque nunca he conocido personalmente a Pablo d'Ors, lo considero uno de mis maestros.
Hay autores que admiramos por sus ideas y otros que admiramos por la forma en que habitan el mundo. En mi caso, Pablo pertenece a esta segunda categoría. Biografía del silencio llegó a mí en un momento en el que empezaba a interesarme seriamente por la meditación y la contemplación. Desde las primeras páginas tuve la sensación de estar leyendo a alguien que no intentaba convencerme de nada, sino compartir una experiencia vivida.
Lo primero que me sorprendió fue descubrir que estaba escrito por un sacerdote católico.
Durante mucho tiempo asocié la meditación a tradiciones orientales como el budismo. Sin embargo, Pablo d'Ors me ayudó a comprender que existe una dimensión profundamente contemplativa dentro del cristianismo. Una corriente menos visible, quizá, pero extraordinariamente rica. Lo que encontré en este libro no fue una defensa de una religión concreta, sino una invitación al silencio, a la observación y a la presencia.
Y resulta que permanecer en silencio es mucho más difícil de lo que parece.
Vivimos rodeados de ruido. No solo ruido exterior, sino también interior. Planificamos, recordamos, anticipamos, analizamos y nos distraemos constantemente. Sentarse unos minutos sin hacer nada, sin leer, sin mirar una pantalla y sin escapar de uno mismo puede convertirse en una experiencia sorprendentemente intensa. Pablo d'Ors describe la meditación como una escuela de realidad y me parece una definición perfecta. Meditar no consiste en escapar del mundo, sino en entrar en él más profundamente.
Gracias a este libro descubrí también a Simone Weil, una autora que ha terminado ocupando un lugar importante en mi biblioteca y en mi forma de pensar.
Fue a través de ella que encontré una idea que me acompaña desde entonces: la atención es una forma de amor. Cuanto más reflexiono sobre esta frase, más verdadera me parece. No podemos amar aquello que no conocemos, y difícilmente podemos conocer aquello a lo que no prestamos atención. La observación transforma. Cuando observamos con profundidad una persona, un paisaje, una ciudad o incluso nuestros propios pensamientos, la relación con aquello que observamos cambia por completo.
Esta idea conecta profundamente con mi trabajo como arquitecta.
Siempre he pensado que diseñar es una forma de mirar. Antes de dibujar, proyectar o construir hay que aprender a observar. Quizá por eso encuentro una relación tan estrecha entre creatividad y espiritualidad. Tanto el artista como el meditador aprenden a prestar atención. Ambos desarrollan una sensibilidad hacia lo que normalmente pasa desapercibido. Ambos buscan una forma más profunda de presencia.
Pablo d'Ors escribe sobre la meditación, pero en realidad habla de la vida.
Habla de aprender a estar donde estamos. De dejar de perseguir constantemente la siguiente experiencia, el siguiente logro o la siguiente versión de nosotros mismos. Habla de descubrir que la realidad ya contiene mucho más de lo que solemos percibir.
Y quizá por eso sigo volviendo a este libro.
Porque cada vez que lo abro me recuerda algo sencillo y esencial: que la vida no necesita ser más extraordinaria. Necesita ser más observada.
Although I have never met Pablo d'Ors in person, I consider him one of my teachers.
There are authors we admire for their ideas and others we admire for the way they inhabit the world. In my case, Pablo belongs to this second category. Biography of Silence came to me at a time when I was beginning to take meditation and contemplation seriously. From the first pages I had the feeling that I was reading someone who was not trying to convince me of anything, but simply sharing a lived experience.
The first thing that surprised me was discovering it was written by a Catholic priest.
For a long time I associated meditation with Eastern traditions such as Buddhism. Yet Pablo d'Ors helped me understand that there is a deeply contemplative dimension within Christianity as well. Perhaps less visible, but extraordinarily rich. What I found in this book was not a defense of one specific religion, but an invitation to silence, observation, and presence.
And remaining in silence is much harder than it seems.
We live surrounded by noise. Not only external noise, but internal noise too. We plan, remember, anticipate, analyze, and constantly distract ourselves. Sitting for a few minutes doing nothing, without reading, without looking at a screen, and without escaping from oneself can become an unexpectedly intense experience. Pablo d'Ors describes meditation as a school of reality, and I find that a perfect definition. Meditation is not about escaping the world, but entering it more deeply.
Thanks to this book I also discovered Simone Weil, an author who has come to occupy an important place in my library and in my way of thinking.
Through her I found an idea that has stayed with me ever since: attention is a form of love. The more I reflect on that sentence, the truer it seems. We cannot love what we do not know, and we can hardly know what we do not pay attention to. Observation transforms. When we observe deeply a person, a landscape, a city, or even our own thoughts, our relationship with what we observe changes completely.
This idea connects deeply with my work as an architect.
I have always thought that design is a way of looking. Before drawing, planning, or building, we must learn to observe. Perhaps that is why I find such a close relationship between creativity and spirituality. Both the artist and the meditator learn to pay attention. Both develop sensitivity toward what usually goes unnoticed. Both seek a deeper way of being present.
Pablo d'Ors writes about meditation, but in truth he is writing about life.
He speaks about learning to be where we are. About stopping the constant chase for the next experience, the next achievement, or the next version of ourselves. He speaks about discovering that reality already contains much more than we usually perceive.
And perhaps that is why I keep returning to this book.
Because every time I open it, it reminds me of something simple and essential: life does not need to be more extraordinary. It needs to be more observed.